domingo, 1 de noviembre de 2015

Ámame sin más - Loles López


Hoy, como cada domingo desde que Evasiones fue creada, toca la reseña semanal. Sin embargo, esta reseña crítica me ha dado muchos quebraderos de cabeza pues me debatía entre lo personal y entre lo que considero justo. Entre lo personal porque me imagino a Loles López con la ilusión de una escritora amateur poniendo todo su empeño y dedicación en la construcción de Ámame sin más. Y entre lo que considero justo, porque esta novela no debería de haber visto la luz. Quizás sí en foros de escritores, en su blog personal o en las plataformas con dicho fin, pero no como novela, a pesar de estar editada en versión electrónica.

Creé evasiones.com con el objetivo de otorgarle a la Novela Sentimental el lugar que se merece. Constantemente tengo que escuchar descalificaciones del género y como el género no se tiene en cuenta en la crítica universitaria debido, entre otras muchas cosas, a que es un género de masas. Un género que se considera de baja calidad por su pobreza léxica, por su temática banal, por la arquetipación de la mujer al antojo de una sociedad patriarcal (machista)... Y yo me empeño en defender que es una literatura hecha por mujeres y para mujeres donde nosotras nos construimos, con una difusión importante (ya dije que era de masas): un género que no puede marginarse. Ahora bien, dentro del género hay novelas que merecen calificarse como tal y otras que no, a la vista está que no soy elitista, pero Ámame sin más es un manuscrito que le hace flaco favor al género.

Mi indignación fue en aumento cuando al concluir el libro, después de las incontables veces que tuve que hacer un sobresfuerzo para continuar su lectura, descubro que Ámame sin más ha tenido una editora llamada Esther Escoriza (@EEscoriza), la única culpable del desastre. Sin ninguna duda Loles López ha puesto en el libro su ímpetu creyendo hacerlo lo mejor posible, mas está en Escoriza el peso de la decisión. Soy bastante pragmática (en relación con la teorías pragmatistas) pero no podemos considerar literatura todo, y en este caso me da igual el peso de la comunidad. Un error de tal calibre es imperdonable, tira por tierra el esfuerzo de las demás escritoras por hacer una literatura decente.

El desbordamiento: al buscar opiniones en internet sobre el libro, he tenido que soportar cómo ninguna era fiel a la verdad. La verdad es algo relativo, no es relativa la baja calidad de Ámame sin más. La construcción de los argumentos incitativos a la lectura del libro de las navegantes está mejor construida, desarrollada y tiene un léxico más variado que el libro en sí. Opiniones nada fieles han sido las decisivas para que me decante, finalmente, por la reseña del mismo. 

Ámame sin más fue publicado en julio de 2015 por Zafiro, editorial dedicada a la publicación electrónica a cargo de Esencia, que a su vez, pertenece a Planeta. Otro de los motivos alimentador de mi enfado es que si recurro a Zafiro sé que detrás se encuentra Planeta, por lo que espero calidad.

La protagonista se llama Elisabeth Orange-Nassau y el varón protagonista es un guardia civil llamado Pablo Medina. En la parte sin spoilers no puedo contar mucho sobre la fábula de modo que no puedo decir mucho más. Intenté buscar los aciertos de la autora, juro haberlo hecho con minuciosidad, mas no hallé. El montaje de los personajes no es claro, falta mucha descripción, delimitación de la personalidad... Vagamente podría decir de Elisa que es muy inmadura, de Pablo incluso podría decir mucho menos...

En lo referente al léxico falta variedad, claridad, concisión junto con una ausencia importante de adjetivación y un no uso de figuras retóricas, a parte de algunas torpes comparaciones y un uso erróneo de la gramática. Podría decirse que a partir del capítulo 5 hay un mayor empeño descriptivo que, si soy franca, sigue sin ser suficiente.

Continuando con la argumentación técnica, la parte erótica es muy pobre, media página. Quizás hubiese sido mejor omitirla, no todas las novelas sentimentales deben tener pasajes de sexo, hay veces en las que la acción amorosa es rica y tampoco es necesaria la descripción erótica. No es el caso de Ámame sin más.

En lo que respecta al narrador, es omnisciente en tercera persona sin focalización con lo que es fiel a la tradición del género pero, en este caso, pienso que otro tipo de narrador hubiera contribuido a sumergirnos más en la novela o a identificarnos con los personajes. 

Finalmente quisiera apelar al argumento. Recurriendo al concepto aristotélico de mímesis, me gustaría centrarme en el aspecto de verosimilitud. Lo verosímil es lo que parece verdadero sin ser verdad necesariamente. Con frecuencia, lo que parece verdad tiene más fuerza que la verdad en sí. La teoría aristotélica me sirve para defender mi postura contra el argumento poco acertado de López. Su historia no es verosímil, no deseo entrar en hechos subjetivos, me son indiferentes unos motivos narrativos que otros siempre y cuando sean verosímiles. ¿Qué es lo que hace que unas novelas sean verosímiles y otras no? El montaje. La colocación determinada de los pasajes junto con un descripción correcta, lo que vendría siendo el estilo es lo que hace que nos parezca verosímil una historia. Un claro ejemplo es que leemos novelas fantásticas y nos las creemos. Es lo que se conoce como pacto de ficcionalidad (estructuralismo), un pacto que se entabla entre el emisor y el receptor.

Siento no poder decir más, me quedo con sabor amargo y mala consciencia con López pero con la tranquilidad de que soy fiel a mis principios.



ATENCIÓN: SPOILERS – Si no has leído el libro no te recomiendo que continúes la lectura del post porque voy de desvelar datos sobre el final del libro.

Dedico esta parte a objetivizar mediante la recurrencia de sopilers mi crítica. Arriba quise fijar los perfiles de los protagonistas sin éxito. Decir que Elisa se podría considerar inmadura por comportarse indebidamente siendo princesa y Pablo es tan soso que no me transmite nada. Cierto, no soy muy objetiva aunque la crítica bebe un poco de la subjetividad del crítico.

Con un léxico pobre hago referencia, por ejemplo, a que no hay más adjetivos que ''suave y blanca'' para la piel de Elisa. Cada vez que se la describe lo hace de la misma manera. El entorno se dibuja pobremente. Dije que había a partir del capítulo 5 un mayor empeño en la descripción debido a la separación de los amantes. Elisa acude a ver a su abuela enferma y Pablo decepcionado por su gran mentira, por no haberle contado que es princesa, no quiere saber de ella. Aumenta la dramaticidad haciendo más proclive la argumentación y añadiendo tensión al ritmo de la novela. 

El erróneo uso de la gramática se aprecia, por ejemplo, en la página 25 - 26: ''Esperaba que algún día sería capaz de reunir el valor suficiente para...''. Fuese capaz.

Sin duda, ya lo decía en la última parte: el lastre de la novela es la inversomilitud. No es nada creíble la realeza de Elisa, no porque no pueda ser verdad si no porque López es incapaz de transmitirlo. La manifestación sin camiseta, la libertad que se le permite, el encuentro con el conde de Liechtenstein... Sinceramente parece una fantasía infantil/adolescente temprana de algunas mujeres.

Elisa estudia Derecho en la Complutense, sale de fiesta como una adolescente corriente... No se sostiene, lo vuelvo a repetir, por la construcción. Del mismo modo que no se sostiene la intriga ni se monta la acción. Ella en el capítulo 3, cuando hacen el picnic, hay una suerte de preocupación por su secreto y directamente en el siguiente capítulo se desvela la verdad con un dramatismo cuya incoherencia nace de la torpeza argumentativa; del mismo modo que en la página 30 se declaran un amor que no ha sido construido progresivamente, por lo que hay que hacer un sobresfuerzo para sumergirse.

Podría seguir poniendo ejemplos, en la página 38 dice ella que no quiere mendigar el amor de él a pesar de que es ella quien ha errado. Si dejo las consideraciones personales a un lado, el problema del dramatismo mal construido es que se cae en el patetismo, téngase en cuenta las connotaciones negativas del término en esta acepción. Tampoco es verosímil cómo Lewis consigue un pasaporte falso tan rápidamente, no ha tenido tiempo (tiempo de la narración y no real) de adivinar, por lo menos, la intención de Elisa. Se podría resumir en la abundancia de lagunas argumentales.

No es mi intención ser redundante ni provocar un linchamiento público a Loles López. Quiero recalcar que ella no es la culpable sino su editora, supuestamente experta en publicaciones.

Con sabor amargo, tal y como dije arriba, concluyo. Sinceramente deseo que la crítica de la semana próxima sea mejor.


Os besa,


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